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El sistema editorial de la ciencia está roto

El sistema editorial de la Ciencia globalizada está roto. Todo el mundo lo sabe. Varios lo gritan. Se publican denuncias en periódicos y revistas científicas, pero nada parece cambiar; o los cambios son muy tímidos. Cambios cosméticos para calmar el ánimo, guiados solo por la corrección política. He sido editor de una muy buena revista colombiana desde hace varios años, y desde hace meses también de una revista internacional, relativamente nueva pero muy prestigiosa. Esta última, sujeta al sistema editorial globalizado, se me ha vuelto un dolor de cabeza, principalmente por la dificultad para encontrar revisores, lo que hoy en día es toda una proeza para casi cualquier editor científico. Tengo artículos donde me ha tomado contactar hasta quince revisores para al final encontrar tres que acepten, y de esos, uno que cumpla. La verdad es que cada vez es más difícil encontrar revisores. Son escasos, y la calidad de todo el proceso editorial orientado a garantizar cierto grado de rigor y de...

La importancia de llamarse Andrés

Cuando llegué a la playa, Andrés García estaba besando a una mujer, abrazado formidablemente a su cintura, recostado de pie en uno de los palos del quiosco frente a la Playa del Ritmo. Seguí de largo mientras él terminaba su beso y dejé que el agua me tocara los pies. De reojo veía cómo la besaba. Miré de lejos la inmensidad, exhausto de mi viaje; todavía tenía la maleta puesta. Volví a mirar de reojo y Andrés me vio: "Viejo, viejo, venga", me dijo, llamando con la mano. Me acerqué y me unió a un abrazo con esa mujer desconocida, nos besó a los dos en la frente y en las mejillas, y nos dijo: "¡Qué bacano que haya llegado, pídase una, marica, estoy muy feliz!". Me adentré al quiosco y pedí una cerveza. Le dije al hombre que atendía descalzo que me diera un ceviche y una cerveza, y que me dejara guardar la maleta detrás de su mesa, pues yo no iba a quedarme en Playa del Ritmo. Esa noche era la primera boda de Juan Sebastián y yo había volado desde México. La boda era ...

Pensar en lo que hacemos.

  Pensar en lo que hacemos. Sufro mucho al reconocer la pobre significancia de todo lo que hacemos. El marketing personal nos obliga a mostrar que estamos convencidos de la relevancia de nuestros esfuerzos. Tampoco es éticamente fácil reconocer nuestro verdadero impacto, a veces casi nulo, que no justifica quizás el lugar privilegiado que la sociedad nos ha otorgado. Todo esto, tan agotador como es, es el efecto de pensar mucho. No necesariamente de pensar bien, que es algo mucho más difícil, pero sí de pensar muchísimo. Una rumiación constante sobre la misma cosa, sufriendo dolores de consciencia al mismo tiempo. El idealismo, del que aún nos quedan algunos vestigios, puede darnos la ilusión de que es significativo lo que hacemos. Pero en la edad en la que ya hemos vivido casi todas las desilusiones, y perdido la ingenuidad luego de haber visto las tripas al tigre (y ver que son parecidas a las de una gallina), hay algunos de nosotros que ya no podemos convencernos. No podemos...

La ciencia, la desazón suprema y el amor

Los cuarenta están muy cerca y siento que jamás podré librarme de esta desazón suprema. Aquellas ideas que antes inspiraban mis anhelos más profundos, junto con la convicción de que la Academia aportaría a mi vida no sólo realización personal sino también la sensación de ser parte de una actividad humana suprema, parecen haberse desvanecido. Mis ilusiones actuales son meras sombras, casi todos mis ídolos vivos han caído; ya no existe nadie a la que anhele seguir, ni un rincón donde me parezca factible ser lo que soñaba ser.  No es la depresión de antaño, es una profunda calma, la certeza serena, la desazón suprema de la verdad, esa tragedia que sólo es posible cuando se alcanza lo soñado. Me doy cuenta de que ya no siento esa íntima conexión con mi labor en esa cadena invisible de esfuerzos generacionales en la que creía. Eso siempre fue un espejismo para mi, algo inexistente pero que, a la vez, me impulsó a dejar todo atrás, a dedicar mi vida entera al sendero que se suponía me co...

La reforma a la salud y el mito del yo

 Hay un lugar al que nadie más puede llegar, donde a nadie más podemos engañar. Hay un rincón, cuya música sólo suena si nos callamos lo suficiente. En el sótano de la casa, donde guardamos de todo ese espejo, como Dorian guardaba su retrato, donde nosotros, y nadie más, ni siquiera nuestros seres amados, podemos mirarnos, y saber, no con toda la certeza, pero si con absoluta claridad por un momento, que es el que profundamente nos mueve. Puede que las causas últimas nos resulten invisibles, pero con algo de calma podemos sentir la sangre que fluye por nuestros propósitos.   Los propósitos humanos no son causas puras, quizás toda desazón suprema frente al idealismo se puede superar sí se acepta primero que no hay manera de escindir a los móviles que consideramos más dignos de la razón, de la vanidad, de las vísceras, y no pocas veces de un dolor que solo se siente cuando se le reconoce. A lo mejor, la dimensión más impura de los propósitos de la razón nos permit...

Reforma a la salud: la miseria de la ideología

  Es imp os ible neg ar que la sal ud p ú b lic a est á in mers a en la ide olog ía . La idea mism a de " sal ud " prov i ene de un a conceptual iz aci ón ideológica de lo que qu ere mos log rar , y lo que pod em os log rar . Al can zar la sal ud es un a aspir aci ón human a , t anto individual com o co lect iva . Por lo t anto , es ta es también, in el ud ible ment e , un problem a ide ol ó g ico . La idea de just icia , al ig ual que en ot ros camp os del des ar roll o social , se der iva de los grand es conflict os ide ol ó g ic os de los ú lt im os sig los , y la equ idad en sal ud es un problem a de la just icia . Por lo t anto , es imp os ible ex cl u ir del debate so bre c ual qu ier reform a a la sal ud las grand es disc usion es so bre la rel aci ón ent re el Est ado y el merc ado , la liber t ad individual versus la rac ional idad co lect iva , y l...