El profesor Sandoval, la facilidad para caer
Para el profesor Sandoval, hoy era fácil caer, pero difícil inclinarse. Al suelo llegaba sólo cuando no quería llegar. Cuando era su mente la que caía al suelo, era como si una vasija vieja de colores desteñidos se despedazara en el piso, y los trozos quedaran todos regados sobre el pavimento del parque o del piso del apartamento, en partes asimétricas de tamaños variados. El profesor Sandoval, a quien metafórica y figuradamente le costaba hoy tanto inclinarse, se agachaba para recolectar las piezas, juntarlas y rearmar lo que quedaba de sí mismo. Pero siempre pasaba que había una esquirla pequeña (pequeña pero hiriente) que tomaba entre los dedos para contemplarla, y le dejaba una herida antes de ser descartada, siendo incapaz de reconocerla como parte de sí mismo. “¿Qué extraña parte de mí mismo es esta?”, se hubiera preguntado, si se hubiera podido preguntar algo allí mismo desde el suelo. También otras veces había pedazos que rodaban bajo la alfombra o desaparecían misteriosa...