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El profesor Sandoval, la facilidad para caer

Para el profesor Sandoval, hoy era fácil caer, pero difícil inclinarse. Al suelo llegaba sólo cuando no quería llegar. Cuando era su mente la que caía al suelo, era como si una vasija vieja de colores desteñidos se despedazara en el piso, y los trozos quedaran todos regados sobre el pavimento del parque o del piso del apartamento, en partes asimétricas de tamaños variados. El profesor Sandoval, a quien metafórica y figuradamente le costaba hoy tanto inclinarse, se agachaba para recolectar las piezas, juntarlas y rearmar lo que quedaba de sí mismo. Pero siempre pasaba que había una esquirla pequeña (pequeña pero hiriente) que tomaba entre los dedos para contemplarla, y le dejaba una herida antes de ser descartada, siendo incapaz de reconocerla como parte de sí mismo. “¿Qué extraña parte de mí mismo es esta?”, se hubiera preguntado, si se hubiera podido preguntar algo allí mismo desde el suelo. También otras veces había pedazos que rodaban bajo la alfombra o desaparecían misteriosa...

Estabilizar el sistema sin olvidar la Salud Pública

La nueva ministra de Salud ha planteado en la revista Semana una "hoja de ruta" que parte de una realidad difícil de controvertir: el sistema necesita estabilización, confianza y abordar las demandas de los pacientes. Los problemas de financiamiento, las dificultades de acceso, el desabastecimiento de medicamentos, la situación de las EPS intervenidas y la necesidad de recuperar capacidades institucionales justifican buena parte de las prioridades que expone allí.  También resulta positivo que se mencione brevemente el fortalecimiento del INVIMA para una "verdadera política" de ingreso de tecnologías al país (oportuna inteligente y eficiente, diría yo), algo en la que varios hemos insistido.  Es valioso también el llamado  fortalecimiento de los sistemas de información y la necesidad de preparar al sistema (y al talento humano, menciona) para fenómenos como el envejecimiento poblacional, algo que Bogotá, a través de su Secretario Gerson Bermont, se ha impulsado deci...

Hacia una ruta más expedita para las tecnologías de alto valor en Salud Pública en Colombia

Estoy convencido de que Colombia necesita ser más decidida y, sobre todo, mucho más rápida en la incorporación de tecnologías de alto valor para la salud pública Tecnologías como las vacunas y los anticuerpos monoclonales usados para la inmunización deberían contar con rutas de incorporación a los programas de inmunización o a los planes de beneficios (en el caso de los segundos) mucho más expeditas que las utilizadas para otras intervenciones sanitarias. Esto no significa que todas las tecnologías deban incorporarse inmediatamente, ni todas con la misma velocidad ni con el la misma ruta. En el marco de la racionalidad y la calidad del gasto en salud, las decisiones deben considerar criterios económicos y no económicos: efectividad, seguridad, costo-efectividad, carga de enfermedad, impacto presupuestal, factibilidad, aceptabilidad por la pobación, equidad y beneficios esperados para la población.  Sería imposible, irracional e incluso indeseable incorporar automáticamente cualquie...

El profesor Sandoval y el problema con las palabras

 Aquella tarde, mientras veía el centro de la ciudad desde esa cima a la que en veinticinco años no había subido, el profesor Sandoval confundió (de nuevo) el vértigo del precipicio de su propia vida con su recurrente problema del oído medio, que tantos días de vida le había hecho perder. Tantos días menos este, ahora que sabía o sentía que sabía, que se trataba de sus últimos días, y ningún vértigo podría detenerlo de enfrentar finalmente la profundidad de sus abismos. Esta náusea, que hay que decir nunca tuvo pretensiones de ser existencial, lo había acompañado desde muy joven, y hoy se burlaba de sí mismo al imaginarse que entonces esperaba que con esos episodios fisiológicos fuera posible ahondar en la naturaleza humana, como si pudieran surgir experiencias existenciales cuando se quedaba en cama por el vértigo idiopático y paroxístico. Lo cierto es que nunca conseguía progresar en pensamientos más profundos que la pureza de su propia vulnerabilidad tan consciente en esas horas...

El último día del profesor Sandoval

  La lluvia duró apenas cinco minutos, pero el profesor Sandoval sintió que era la misma lluvia fría de hacía más de cincuenta años. Aquella que, con doce años, lo dejó calado hasta los huesos en un parque, solo, mientras su padre (violento, cuya muerte nunca lamentó) bebía cerveza con su padrino en el pasaje Rivas. No entró a ninguna cafetería. No buscó resguardo alguno. ¿Cómo busca casa un niño abandonado? Le daba vergüenza. Se quedó en la banca, empapándose, miserable y triste, mientras todos corrían a resguardarse en los almacenes de calzado. Él, en cambio, recibía la lluvia como si fuera un castigo autoimpuesto: como no comer, aunque tuviera hambre, para contrariar a sus padres; como no ir a ese paseo; como, años más tarde, no llamar a ese amigo, castigarlo a él, castigarse a sí mismo, y volver a castigarse al volverlo muerte, sin decirle nada. Y ahora, entrando mojado, sin correr, con la lluvia que hizo tiritar la mismísima estatua de Santander, con ese retorno físico, húme...

Los cajones de los muertos

Hubo una época donde nadie se había muerto, era como si todos hubieran existido desde siempre. O era siempre, porque siempre de algún modo comprende la distancia donde antes nadie era nada para uno, porque uno no era nada para nadie. Hubo una época, recuerdo haberlo pensado así en la cocina de leña de la abuela de Monguí, donde a los ocho años era consciente, en esas revelaciones lúcidas de hechos evidentes que tienen los niños, de que todos los que existían para mí estaban vivos.  Los muertos eran entonces sólo titulares de los noticieros, desconocidos fallecidos por una bomba implacable, alguna masacre, un accidente de carretera, acaso por mucho la familia que vimos una vez, o recuerdo haber visto sólo una vez, de la que luego supe que un tío, una madre y una suegra habían muerto, y mi mamá me explicaba que al niño superviviente le habían cosido la piel de la nalga en la cara y la garganta, y yo, aterrado, me imaginaba eso, y me aterraba esa cirugía misteriosa mucho más que lo qu...

El fin de la Universidad

  No hay nada —ni nadie— verdaderamente deslumbrante que, al mirarse de cerca, no esté lleno de sombras. Todo idilio está condenado a una desilusión futura: el amor por otro, la vocación profesional, los proyectos políticos... Todas las personas y todos los empeños humanos me han conducido, tarde o temprano, al desencanto. Toda búsqueda guiada por la promesa de la maravilla desemboca en un mundo distinto al imaginado, como les ocurrió a los conquistadores que perseguían el mítico país de la canela. Sin embargo, he comenzado a pensar que eso no es necesariamente malo —ni esencialmente trágico—. Recuerdo que Efraín Medina Reyes decía que quería que su epitafio dijera: “No hubo nada ni nadie a quien no haya decepcionado.” Tal vez esta pulsión contemporánea por desacralizarlo todo y a todos sea, en el fondo, saludable. Nos permite ver las cosas con mayor complejidad. Y quizá sea precisamente en la decepción donde se abre la posibilidad de comprender, de descubrir, de ver —al fin— las...