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Viruela símica: nombrar lo que no quieren nombrar

  Al comienzo de la implementación del Plan Nacional de Vacunación contra el COVID-19, le planteamos a Fernando Ruiz la posibilidad de priorizar explícitamente a las y los trabajadores sexuales. El entonces ministro estuvo de acuerdo. “ Tenemos que hacerlo, pero no va a ser fácil”.   La priorización para la asignación de vacunas contra el COVID-19 en Colombia fue un proceso complejo, sujeto al choque entre el interés general y los múltiples intereses particulares y competitivos. Los principios orientadores explícitos, como la equidad sanitaria y la justicia social, fueron determinantes para disponer primero las vacunas a quienes más las necesitaban: las personas en mayor riesgo de enfermedad grave y muerte. Esta decisión trajo consigo importantes beneficios adicionales: al proteger primero a los más vulnerables, se esperaba reducir los impactos negativos adicionales para la sociedad como un todo. Así, la vacunación de los adultos mayores disminuiría la mortalidad específica...

El adiós del mentor

  Mi padre es una mala persona, y una de las convicciones más firmes que he tenido toda mi vida es que no quiero ser como él.   Sin embargo, no pocas veces me vi a mí mismo, especialmente en mis veintes, anhelando irracionalmente esa presencia. No la de él, sino la de alguien mejor que no existía. Se habla de mucho de que los padres no eligen a los hijos, pero poco se habla de la tragedia de los hijos que no elegimos a nuestros padres. Algunos días en la calle, en esas épocas cuando caminaba sin dirección en el centro de Bogotá buscando una revelación vocacional que jamás encontré, no entendía por qué me enternecía ver a un padre mayor abrazando a su hijo en pleno andén, algo que pasaba con frecuencia, sobre todo en días de grados en las universidades privadas del sector. Ese abrazo ajeno me hacía pensar en ese tipo de afecto, para mí desconocido, como algo que quería tener. Toda mi vida académica, para mi fortuna, tuve con una sola excepción, maravillosas tutoras mujeres,...

Pérdidas que no se lloran

  En su ensayo ‘Sobre la tristeza’, Montaigne narra la historia de un rey que, habiéndolo perdido todo, fue encerrado en una celda. El soberano supo desde su encierro cómo le quitaron sus riquezas, propiedades, su familia, y hasta su honor; y sin embargo, se mantuvo imbatible ante la derrota.   Desde la ventana de su celda pudo ver cómo llevaban a su esposa e hijos, de a uno, por turnos, a ser ejecutados. Sabía, al verlos pasar, que era la última vez que los vería. Ante cada hecho, ante el paso de cada ser amado divisado desde su ventana, el rey seguía igual de inquebrantable. Nada lo hacía doblegarse.   Finalmente, luego de varios días encerrado, vio pasar -a través de la misma ventana- a su esclavo llevado a ejecución y, entonces, cayo irremediablemente de dolor. Llora de forma incontenible y se desbordó en su desesperación.   Montaigne se pregunta, o nos hace preguntarnos, sobre el porqué el rey no sintió o no expresó ese mismo dolor...