Hacia una ruta más expedita para las tecnologías de alto valor en Salud Pública en Colombia

Estoy convencido de que Colombia necesita ser más decidida y, sobre todo, mucho más rápida en la incorporación de tecnologías de alto valor para la salud pública Tecnologías como las vacunas y los anticuerpos monoclonales usados para la inmunización deberían contar con rutas de incorporación a los programas de inmunización o a los planes de beneficios (en el caso de los segundos) mucho más expeditas que las utilizadas para otras intervenciones sanitarias.

Esto no significa que todas las tecnologías deban incorporarse inmediatamente, ni todas con la misma velocidad ni con el la misma ruta. En el marco de la racionalidad y la calidad del gasto en salud, las decisiones deben considerar criterios económicos y no económicos: efectividad, seguridad, costo-efectividad, carga de enfermedad, impacto presupuestal, factibilidad, aceptabilidad por la pobación, equidad y beneficios esperados para la población. 

Sería imposible, irracional e incluso indeseable incorporar automáticamente cualquier nueva tecnología. No todas producen los mismos beneficios poblacionales, no todas son igualmente efectivas y no toda inversión se traduce necesariamente en más años o mejor calidad de vida. Por eso debe existir un proceso riguroso de evaluación, que además tiene mucho que mejorar.  

Pero rigor no puede ser sinónimo de lentitud.

Es claro que no todas las tecnologías generan el mismo valor en Salud Pública, y no todas tienen los mismos beneficios comparativos, y en esas se entiende la necesidad de un alto rigor y cuidado en la incorporación, sobre todo cuando el gasto en salud es creciente, e invertir en una tecnología implica implícitamente tener menos recursos para invertir en otras, e incluso siendo costo-efectivas y generando ahorros, al final el gasto en salud solamente crece, y lo que se ahorra en una necesidad se desplaza a otra

En el caso de muchas tecnologías de alto valor en salud pública, estamos muchas veces hablando de plataformas conocidas, con perfiles de seguridad suficientemente establecidos, efectividad demostrada y, en varios casos, ya tienen evidencia amplia de impacto en el mundo real. Una discusión distintas son algunos desarrollos terapéuticos de avanzada que generan beneficios variables (a veces limitados) , muchas veces con innovaciones poco entendidas, que sin duda requieren mayor aanálisis pero no es asi con muchas vacunas y anticuerpos. 

No estoy proponiendo su incorporación automática para las tecnologías de alfo valor en Salud Pública. Estoy proponiendo una ruta diferente: rigurosa, pero mucho más expedita.

Es difícil comprender por qué en Colombia la actualización de algunas tecnologías tarda varios años y ocurre, casi siempre, mucho después que en países con un nivel de desarrollo comparable.

Un ejemplo es la vacuna neumocócica infantil. Estas vacunas se actualizan para ampliar la protección frente a nuevos serotipos. Es razonable analizar cuál alternativa produce el mayor beneficio y reconocer que la versión más reciente puede tener un costo muy alto para una ganancia marginal en salud frente a opciones intermedias.

Pero una cosa es no incorporar inmediatamente la versión más costosa y otra muy distinta es permanecer durante años con una tecnología desactualizada, sabiendo que a priori las opciones más modernas tienen más beneficios. En muchos casos, como ese,  existen opciones más modernas que utilizan plataformas conocidas, muchas veces ni hay un cambio de plataforma, son seguras, amplían la protección y pueden no representar un incremento del cost, a veces el cosro es igual. No tiene sentido aplazar indefinidamente decisiones cuyo beneficio esperado es claro. A Colombia, le ha tomado años tomar decisiones de actualizar la vacuna de neumococo.

Otro ejemplo es la prevención del virus sincitial respiratorio (VSR) mediante nirsevimab.

Chile incorporó este anticuerpo monoclonal en 2024 y rápidamente produjo evidencia de impacto en condiciones reales. Bogotá realizó durante 2024 y 2025 los estudios técnicos, epidemiológicos y económicos necesarios, implementó la vacunación materna desde finales de 2025 en el marco de una estrategia híbrida innovadora  y comenzó en febrero de 2026 la administración de nirsevimab a recién nacidos de mayor riesgo.

Perú ya incorporó en 2026 tanto la vacunación materna como nirsevimab a su estrategia nacional. Colombia, en cambio, todavía no ha tomado la decisión de incorporar el anticuerpo monoclonal a escala nacional.

Este problema se complementa con una tradición del Ministerio de Salud de recurrir a pilotos e introducciones excesivamente graduales, como ocurre actualmente con la vacuna contra el dengue. La progresividad puede ser razonable cuando existe incertidumbre importante o cuando se requiere desarrollar capacidad operativa. Pero pierde sentido cuando ya hay evidencia internacional amplia sobre seguridad, efectividad e impacto y cuando el “piloto” termina convirtiéndose en una forma de aplazar la decisión.

Muchas evaluaciones pueden y deben hacerse de manera concurrente con la implementación. No es necesario esperar a terminar una secuencia interminable de estudios para comenzar otra. La evaluación debe acompañar la política pública, no paralizarla.

Colombia necesita una ruta expedita para estas tecnologías: desde el registro sanitario y la evaluación económica hasta la financiación, adquisición e implementación. Además, ya existen mecanismos regionales de evaluación y compra, como los fondos rotatorios de la OPS, que pueden facilitar el acceso y reducir costos. Esto no significa dejar de analizar la efectividad, la seguridad, la costo-efectividad, la carga de enfermedad o el impacto presupuestal. Significa realizar esos análisis mucho más rápido y tomar decisiones con un ritmo similar al de países pares como Chile.

Esperar dos, tres o cuatro años adicionales no siempre produce más evidencia útil. Muchas veces no modifica lo que ya conocemos sobre la seguridad, la efectividad o el impacto de una tecnología. Tampoco necesariamente genera ahorros: puede simplemente trasladar costos hacia las hospitalizaciones, las unidades de cuidado intensivo, las secuelas y las familias.

Con nirsevimab, por ejemplo, existe evidencia de efectividad en el mundo real desde 2024. Seguir aplazando una decisión nacional difícilmente cambiará sustancialmente lo que ya sabemos.

Colombia necesita adoptar una estrategia híbrida contra el VSR que combine vacunación materna y nirsevimab, utilizando cada tecnología en los grupos en los que produzca el mayor beneficio y la mejor relación entre impacto y costo.

Aplazar estas decisiones no es neutral. Significa dejar de prevenir hospitalizaciones, dejar de evitar secuelas, dejar de ganar años de vida saludable y, en algunos casos, dejar de salvar vidas que después ya no podrán recuperarse.



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